martes, 30 de julio de 2024

El retorno a casa 2024 (el final)... Back home 2024 (the end)... Le retour à la maison 2024 (la finalisation)...

Se suponía que el último amigo al que vería en mi visita a casa de este año pasaría por a las diez de la noche para tomarnos un café en un comedor al lado de la estación de buses del Puerto; el año anterior habíamos procedido de la misma forma aunque en esa ocasión -un año después de habernos reencontrado- nos acompañó su esposa y su hijo.

Pero, quizá sin mucha sorpresa, durante la noche estuvo enviándome mensajes indicando que estaba por desocuparse y al final pasó media hora más tarde de lo acordado; mi hermano salió a saludarlo y luego nos dirigimos a la estación -en esta ocasión no lo acompañaba su familia-.

Le comenté lo que acababa de ocurrir con mi ex compañero del bachillerato -su fallecimento- y, aunque en la última ocasión que conversamos, su esposa había indicado que conocía a la hermana de mi amigo, él no pudo identificarlo.

El tránsito estaba bastante tranquilo y unos pocos minutos después estaba parqueándose frente al comedor; me indicó que, como había tenido una celebración de cumpleaños -además de la cena habitual- nomás quería un café; yo ordené una tortilla de harina -mi platillo favorito del lugar-.

Estuvimos un poco más de una hora entre alimentos y conversación y quince minutos antes de la medianoche me acompañó a la fila de abordaje del autobús; me pareció intersante que -al igual que en mi viaje al departamento colindante con nuestro vecino del sur- en el viaje de vuelta a la ciudad no me obligaron a desprenderme de mi herramienta multiusos antes del abordaje.

El viaje de vuelta no tuvo muchos contratiempos: nomás me pareció interesante que mi vecina de asiento se mostrara un poco locuaz; y creo que la explicación la encontré un poco antes de entrar a la ciudad: un policía abordó el bus para verificar identificaciones y resultó que la chica era migrante.

Y las respuestas que le dió al policía me parecieron de lo más particular: en vez de un documento le mostró el boleto del bus y le indicó que estaba tramitando su identificación y que ese era su comprobante; mencionó que tenía doce años de vivir en el país pero su acento era muy fuerte.

Un poco después de que el policía bajara -no le prestó mucha atención, realmente-, ví que intercambiaba miradas con un par de ancianos que viajaban en el lado opuesto del pasillo y luego llamó a alguien para comentarle que acababa de pasar por el 'último' puesto de migración; pobre gente.

El otro incidente ocurrió mas o menos a medio camino -afortunadamente en este horario de viaje no hay una parada a mitad de la ruta-: durante el día un camión que transportaba una cisterna de combustible había volcado y la ruta estaba dañada; nos tocó que esperar casi una hora para pasar.

Lo bueno es que dormí la mayor parte del trayecto: un poco después de abordar el bus empecé mi período de meditación -dándome cuenta casi en el acto de que no había hecho Duolingo en todo el día-; me resigné a dejar pasar el día sin mi lección diaria, pues igual -por no haberme saltado un día en los últimos tres años- tengo cuatro freezes.

Pero, unos pocos minutos antes de medianoche, el copiloto pasó revisando los pasajes de abordaje y tuve que abrir los ojos para mostrarle mi recibo; por lo que aproveché los últimos tres minutos del día para mantener mi streak intacto.

Después de medianoche intenté nuevamente meditar pero no completé los doce minutos; ingual, a pesar de que esa era uno de mis inquietudes: romper el hábito de meditar antes y después de dormir; pude ir y retornar manteniendo la rutina.

Por la hora que perdimos en el accidente a mitad del trayecto no nos salvamos del tráfico matutino de la entrada a la ciudad: en vez de entrar a la estación a la hora esperada (entre cuatro y cinco de la mañana) lo hicimos un poco después de las seis de la mañana.

Como tenía la mochila conmigo -no me tocó dejarla en el equipaje, como en el viaje de ida- nomás me apeé del autobús y me dirigí a la estación del Tansmetro que se encuentra a cuatro o cinco calles de distancia.

No había mucha cola para abordar las unidades por lo que un poco más tarde estaba apeándome del mismo en el comercial en donde se estacionan los busitos que vienen por la colonia; afortunadamente ya había uno a punto de partir; por lo que, un poco después de las siete de la mañana estaba tomando la llave de emergencia que mantenemos en el jardín de Rb y entrando a casa.

Concluyendo el viaje a casa del 2024... 


lunes, 29 de julio de 2024

El retorno a casa 2024 (la estadía)... Back home 2024 (the stay)... Le retour à la maison 2024 (le séjour)...

Antes de viajar había considerado que iba a ser un poco difícil mantener mi hábito de meditar antes de dormir y después de levantarme; como lo he estado haciendo por más de cuatro meses: iba a dormir prácticamente dos noches en el autobús y temía que la cama en la que iba a dormir en casa de mi hermano estaba en un lugar abierto; y mi hermano es bastante fundamentalista en temas espirituales; nomás no quería generar conflictos fraternos.

Pero no, en el viaje de ida pude meditar bastante bien antes de la medianoche y, gracias a que mi hermano me cedió la habitación de mis papás -con seguro en la puerta- pude meditar sin ningún problema de privacidad el jueves por la mañana.

Había puesto la alarma del celular para las seis de la mañana pues había acordado con mi único amigo de la infancia de pasar por su casa -con mi hermano- alrededor de las siete de la mañana; después de los doce minutos de meditación me metí a la regadera  y luego me puse a leer un poco en la sala de la casa.

Mi hermano salió un poco después de su habitación y un poco más tarde mi amigo llegó en su moto; nos dirigimos a un comedor que queda en las afueras de la empresa portuaria del lugar -habíamos desayunado en el mismo lugar con mi hermano el año anterior-.

En el lugar ordenamos tres desayunos bastante típicos: huevos con frijoles y refresco de tamarindo -aunque yo preferí una coca cola: había aceptado que tenía que tomar un desparasitante después de esa comida pero no quería arriesgarme demasiado-.

Nos estuvimos un poco más de una hora en el lugar; entre desayuno y conversación: mi hermano mayor y mi amigo han mantenido una relación bastante estrecha a través de los años y tienen muchas anécdotas en común.

Un poco después mi hermano sugirió que nos dirigiéramos a uno de los balnearios de la montaña y, después de que mi amigo pasara a llenar el tanque de su motocicleta, nos dirigimos al camino de terracería que se adentra en el monte.

Llegamos poco después a un lugar en el que alrededor de un par de pozas de agua se encuentra la escuela de la aldea y un pequeño comedor; mi hermano nos invitó a una gaseosa y nos estuvimos en el lugar hasta el final de la mañana.

Cerca del mediodía les indiqué que debía llegar a donde mi amigo del bachillerato a las doce y media -había intercambiado un par de mensajes con él más temprano y me había compartido la ubicación de su casa por WA-; mi hermano había pensado que mi amigo de la infancia iba a acompañarme -el año pasado fuimos juntos a su oficina- pero le indiqué que en esta ocasión era nomás yo el invitado.

Retornamos un rato a la casa y un poco después de las doce le pedí a mi hermano que me condujera a la casa de mi amigo del bachillerato: su casa se encuentra en un punto intermedio entre los dos puertos en los cuales crecí.

Llegamos a la colonia de mi amigo justo un par de minutos antes de la hora indicada: me apeé un poco antes de la motocicleta y le escribí para comentarle que me encontraba frente a la escuela del lugar; mi amigo me mandó un audio en whatsapp para que caminara un par de casas más.

Llegué al lugar -mi amigo estaba sentado en el patio de su casa- y nomás se saludaron con mi hermano; quien se retiró del lugar; estuve con mi amigo durante el siguiente para de hora poniéndonos al día del último año; la conversación giró bastante sobre su estado de salud: su pronóstico de vida no pasaba de un año.

También estuve jugando un rato con uno de sus perros; un pequeño que parecía tener mezcla de salchicha y chihuahua pero que tenía muy buena energía para estar corriendo tras una pequeña pelota de caucho; que retornaba cada vez que se la lanzaba a un extremo del patio.

Cuando llegué a la casa de mi amigo había una chica -que creí que era su esposa- atendiéndolo; al llegar me ofreció un vaso de refresco y luego le ofreció a mi amigo café; del que también compartí una taza; al final la chica no era su esposa sino una sobrina; la esposa llegó un poco después de las dos de la tarde.

Al llegar la esposa de mi amigo le preguntó si iba a ir a la oficina -tienen una oficina de trámites aduanales en el puerto- pero él contestó que no se sentía con ánimos; a esa hora le indiqué a mi amigo que estaría media hora más y luego me retiraría, para dejarlo descansar.

A las dos y media nos despedimos y caminé un par de cuadras hasta la ruta principal que une ambos puertos; iba a tomar un taxi -allí son bastante populares y cobran un dolar por el viaje- pero al final decidí esperar un bus que nomás me cobró medio dólar.

Aprovechando que tenía tiempo libre -mi próxima reunión era hasta cinco horas después- pasé a saludar a la hermana de mi madre con quien mejor se han llevado; al igual que el año pasado encontré en el lugar a un par de primas y varios de sus hijos -y al segundo bisnieto de mi tía-.

Mi tía me ofreció almuerzo y me sirvió una cantidad bastante abundante de mi comida favorita del puerto: Rice and beans; estuve departiendo con mi tía y su familia durante la siguiente hora o así y luego me despedí, comentándoles que retornaría a la ciudad por la noche.

Entonces  retorné caminando el par de kilómetros que separa la casa de mi tía de la casa de mi hermano mayor; lo encontré en la sala de su casa conversando animadamente con un par de personas: uno de ellos se mostró bastante entusiasmado de encontrarme -nos conocimos de niños- y el otro indicó conocerme, aunque yo tuve dificultades -en ese momento- de ubicarlo.

Estuve el resto de la tarde en la casa de mi hermano, descansando un poco en la sala y un poco después de las cinco inicié una videoconferencia con su mejor amigo -que ahora vive en la ciudad del Imperio del Norte en la cual pasé un par de años-.

La conversación es frecuentemente la misma: recuerdos de su juventud, repaso de las amistades, y revisión de planes para el futuro a mediano plazo; como veía que la conversación se extendía le indiqué a nuestro amigo que me avisara cuando faltaran quince minutos para las siete de la noche -seis de la tarde en su ciudad-.

A la hora indicada les indiqué que debía dirigirme a mi última reunión del viaje y mi hermano me condujo al McDonald´s de un centro comercial que se encuentra a medio camino entre ambos puertos: allí encontré al otro amigo del bachillerato a quien había visto el año anterior.

Invité a mi amigo a un pequeño refrigerio y estábamos empezando con el café cuando me comentó que habían avisado en el chat del grupo de bachillerato que nuestro amigo había fallecido; yo me mostré extrañado pues habíamos departido apenas cuatro horas antes.

Pero, la hija menor de mi tía -yo les había comentado de dónde llegaba cuando pasé por su casa- me llamó por Facebook y me confirmó la noticia; además, me indicó que el velorio ya había empezado y que se estaba realizando en un salón de usos múltiples de la calle donde viven.

Acordamos con mi amigo ir un rato al velorio y, luego de llamar a su hija -andaba en el comercial con su novio-, comentarle la situación y pedirle que le diera tiempo en el lugar; nos dirigimos al lugar en el que se estaba realizando el velorio.

En el lugar habían veinte o treinta personas; la mayoría jóvenes y la mayoría fuera de las instalaciones; con mi amigo nos sentamos un rato en las sillas del interior y luego pasamos a brindarle el pésame a la -ahora- viuda de nuestro amigo.

Estaban en el lugar ella y su hija, junto con el papá y la hermana del fallecido; la señora me comentó que alrededor de media hora más tarde de mi despedida mi amigo se había puesto bastante mal: comenzó a vomitar sangre y, aunque hicieron llegar una ambulancia e intentaron estabilizarlo, falleció.

Estuvimos con mi amigo en el lugar un poco más de media hora -incluso acepté uno de los pequeños tamales que estaban obsequiando a los asistentes- y luego él me condujo -también anda en motocicleta- hasta la casa de mi hermano mayor.

Cuando llegué a la casa le comenté a mi hermano lo sucedido y él se mostró más afectado de lo que esperaba; después nomás esperamos hasta las diez de la noche; hora en la que mi otro amigo de juventud había acordado en pasar por mí para llevarme a la estación de buses.

domingo, 28 de julio de 2024

El retorno a casa 2024 (la partida)... Back home 2024 (the going)... Le retour à la maison 2024 (le départ)...

Cuando compré el boleto para ir a la casa donde crecí -hasta los dieciocho años- me di cuenta que había una opción para las siete de la noche; generalmente elijo el último viaje del día pues prefiero viajar de noche; y hasta la última vez el último viaje era a las seis de la noche; usualmente la hora de llegada a la estación de la cabecera departamental es alrededor de medianoche.

Sopesé elegir el viaje de las siete de la noche; pero luego pensé que estaría afectando a mi hermano mayor pues, en vez de media noche, tendría que ir por mí a la estación a la una de la mañana o a una hora similar; total que elegí el viaje de las seis; y el pago tampoco estuvo nada fácil: el sitio de pago de la empresa de transportes no me aceptó la tarjeta de crédito por tener fecha de vencimiento: 07/24; por alguna razón la tomaba como ya vencida.

La tarjeta de débito de Rb también tenía el mismo mes/año como fecha de vencimiento por lo que tampoco era posible utilizarlo; contacté a mi amigo que vive en el otro extremo de la ciudad y, afortunadamente, la fecha de vencimiento de su tarjeta es para el próximo año; le transferí los quince dólares del valor del boleto y un poco después me envió la copia del mismo.

Eso fue un par de días antes del viaje; el miércoles, luego de las rutinas diarias (rutina de ejercicios de los miércoles) y de comprar tiempo de internet para mi teléfono por dos días; salí a tomar el busito al boulevard principal, un poco antes de las cuatro de la tarde.

El bus pasó rápido -los horarios son bien inciertos- y un poco después estaba apeándome en el comercial en donde se estacionan -y en donde está la estación del Transmetro-; llegué a la última estación un poco antes de las cinco por lo que entré en un supermercado que se encuentra a un costado de la plaza.

Me envié treinta y cinco dólares al celular y compré un cepillo de dientes y un jabón de baño; luego salí al cajero que se encuentra en el portal del comercial y retiré el efectivo -tenía más o menos una cantidad similar en la billetera pero estimé que  (con el pasaje de vuelta) necesitaría más dinero-.

Llegué a la estación de buses hacia el puerto un poco después de las cinco y media; tuve inconvenientes para imprimir el boleto de abordaje pero el cajero me explicó el código de barras que debía colocarse en el lector.

A las seis de la tarde abordamos el autobús; media hora después habíamos avanzado únicamente un par de calles del centro histórico -el tráfico estaba super pesado-; durante el trayecto fui comentándole a Rb las calles que apenas avanzábamos y, dos horas después, le indiqué que estábamos dejando la periferia de la ciudad.

Dos horas nomás para salir de la ciudad fue un nuevo record; cuando llegamos al lugar de la mitad del trayecto -donde la misma empresa tiene un hotel y restaurante- eran casi las once de la noche y el bus de las siete se estaba estacionando justo detrás del nuestro.

No había cenado -aunque creo que sí había refaccionado- pero no tenía nada de apetito y decidí nomás bajar a estirar las piernas -y pasar al baño-; a las once el bus tomó nuevamente su recorrido y llamé a mi hermano para comentarle que llegaría tardísimo.

Me indicó que lo llamara cuando faltar aproximadamente una hora para llegar a la estación -en la estación más grande entre la ciudad y el puerto, creo- y, efectivamente, a la una de la mañana lo llamé para que iniciara su viaje a la estación.

El bus llegó, finalmente, un poco después de las dos a la estación del Puerto y mi hermano ya estaba en el lugar esperándome -con su moto más nueva-; abordamos el vehículo y nos dirigimos a la casa de mis padres -en la que mi hermano ha vivido solo por los últimos veinte años-.

Llegamos al lugar y mi hermano me cedió el dormitorio que tiene reservado para la visita de mis padres: acaban de instalar una disco en el local vecino por lo que la bulla nocturna alcanza niveles desagradables; un poco antes de las tres de la mañana puse la alarma para las seis e intenté dormir un poco.